domingo, 25 de marzo de 2012

Fin del año lectivo 2002


PALABRAS DE DESPEDIDA A ALUMNOS DE 5TO AÑO  2002 
ENS Nº 27 - PUERTO BERMEJO – CHACO – R. ARGENTINA

Queridos alumnos:
            Cuando llegan días como estos, es como que el tiempo se detiene unos instantes y buscamos en la memoria aquellas cosas que trascienden. Aquellas cosas que creemos van a permanecer para siempre en el corazón.
            Hoy me toca estar junto a ustedes y acompañarlos de esta manera tan particular, en este momento tan especial, que es la finalización de los estudios secundarios. Es un punto de inflexión en la vida. Terminan una etapa en común donde uno mira hacia atrás y un poco hacia delante. Hacia atrás pensando que fueron tantas definiciones a lo largo de estos años y sin embargo, tal vez no puedan definir lo que sienten hoy. Por un lado la alegría de haber terminado algo que hace mucho tiempo se propusieron terminar, pero por otra parte hay un sesgo de tristeza, seguramente inevitable, por la partida.
            Queda la historia de los múltiples exámenes en la extensa geografía del alma; queda el verbo recordar que conjugarán por siempre en la lógica a veces incomprensible de la vida. Quedan las largas fórmulas en busca de soluciones para los problemas que a lo mejor sin querer contrajeron. Quedan los ejercicios de la mente y del cuerpo creciendo año a año. Queda la música de las horas libres. Queda, seguramente, para algunos, la química de la amistad.
            Pero, por otra parte, tal vez sientan que se acerca ese futuro ansiado por muchos de ustedes y a lo mejor temido por otros por lo que pueda deparar. No hace falta que recordemos lo difícil de la situación que vivimos, porque ustedes la conocen. El futuro se va volviendo presente constantemente. Y sabemos lo difícil que es afrontarlo. Muchas veces no se sabe como hacerlo. Se tienen a ustedes mismos. Tienen las manos y la inteligencia. Y seguramente tendrán que recurrir a su propia interioridad para extraer lo que aprendieron durante estos años para resolver problemas que exigen el correcto uso de la libertad, condicionada, por cierto, por la realidad, para encontrar el mejor camino que los lleve a no ser injustos con los demás y que no los obligue a dejar de ser ustedes mismos, ya que una de las claves de la felicidad está justamente en esto, en la armonía con ustedes mismos. En el interior está la verdad y se la extrae reflexionando y mirando la realidad.
Traten de encontrar el equilibrio entre lo que pretenden y lo que pudieran alcanzar realmente. La moderación en las ambiciones es siempre un freno para el arrebato. Lo que consigan con sacrificio les dará una satisfacción especial, lo que se consigue con el facilismo no se valora lo suficiente.
La confianza en Dios y en ustedes mismos son un pilar fundamental para que no se desmoronen las propias convicciones y no se dejen llevar por los vientos que intentarán arrastrarlos en contra de la propia voluntad. Y también un punto de apoyo para todo lo bueno que emprendan.
Queridos alumnos: el camino de la honestidad y del respeto siguen siendo válidos, si queremos mejorar el lugar donde nos toque vivir. Hoy se habla y se hace mucha solidaridad. Es una gran tarea que implica elevar a la persona a la dignidad que le corresponde. Y ustedes están preparados para ser solidarios.
           
Una frase para ir terminando:

  “El que no tiene horizontes es un hombre que no ve suficiente y que en consecuencia supervalora lo que le cae más cerca. En cambio tener horizontes significa no estar limitado a lo más cercano sino poder ver por encima de ello. El que tiene horizontes puede valorar correctamente el significado de todas las cosas que caen dentro de ellos según los patrones de cerca y de lejos, grande y pequeño.” (Gadamer; 1977: 373).

            Les deseo un gran futuro, un gran porvenir. No renuncien a sus sueños. Luchen por  alcanzarlos. Apunten siempre bien alto. Apunten al diez. Si después no lo consiguen... bueno... lo intentaron. Sean realmente felices. Es lo mejor que les puedo desear.
                                                             Hector Sotelo, Diciembre de 2002

Fin del año lectivo 2001


                PALABRAS DE DESPEDIDA PARA LOS ALUMNOS DE 5TO AÑO  2001

            ENS N° 27 “Ing. Francisco Host” – Puerto Bermejo – Chaco – R. Argentina

            Queridos alumnos, hoy es sin duda alguna un día muy especial. Es uno de esos momentos especiales de la vida y cuando pienso en ustedes inmediatamente me traslado al año 1997, mi primer año en esta escuela y a su vez cuando estaban en el primero de estos cinco años que tan rápidamente pasaron. Es la primera vez en mi carrera docente que veo desfilar ante mí los cinco años de un grupo de alumnos.
            Durante este tiempo en que trabajamos juntos, sin duda hubo una simbiosis donde yo también aprendí de ustedes, sobre todo a conjugar los conocimientos con la realidad. Y les agradezco que me hayan dado la posibilidad de compartir esta última clase con ustedes. La más difícil porque es la de la despedida. Muchas veces los seres humanos se despiden. Pero esta es muy especial, porque se termina un tipo especial de comunicación. Es una despedida inevitable, porque es el fin de un ciclo. Siempre les dije que eran tan chiquitos cuando entraron… Los vi crecer año a año. El otro día uno de ustedes me dijo que algunos siguieron siendo chicos. Pienso que físicamente, pero espiritual e intelectualmente no.
Cada uno de ustedes tiene la capacidad de autodeterminación que les concede la libertad y  en el uso correcto de esa capacidad la posibilidad de seguir creciendo.  Y en el equilibrio de esta autodeterminación está el menor margen de error.
            Cada uno tiene su propio llamado a hacer algo, pero también sabemos que las condiciones económicas impiden muchas veces la realización de la propia vocación. En medio de esa situación es difícil mantener la esperanza, pero no imposible. La esperanza de concretar los sueños tiene que ver con el esfuerzo por alcanzarlos también, aunque no se reduzca a eso únicamente.
            Los ideales de una persona son como la estrella que guía la vida y que focaliza todas las energías del ser humano. Hoy que terminan esta etapa fundamental en la vida y comienzan otra, no pierdan de vista nunca estos ideales con los que salen, sin obsesionarse, por supuesto y sin ansiedad, de otra forma creo que las fuerzas se disgregan.
            Si alguna vez se desalienten busquen la manera de salir de esa situación, el desaliento es signo de que tienen aliento, que están vivos, pero puede ser el principio del fin. Cada vez que hagan algo correrán el peligro de equivocarse, eso todos lo sabemos.
            En un mundo donde la competencia se vuelve cada vez más feroz, no se llega de manera feliz al éxito pisando a seres humanos. El gran mal del mundo contemporáneo está en que el hombre dejó de amar. La felicidad no pasa únicamente por la búsqueda de lo material. Y menos en los sentimientos pequeños y mezquinos, sino en la capacidad de amar que todos llevamos y en la liberación de esas energías en favor del prójimo y de la sociedad toda.
            Para seguir creciendo como personas,  no se olviden de los valores que les inculcaron en el hogar o las personas que con las que compartieron estos cinco años. En cada momento de crisis es bueno volver a las fuentes y buscar lo mejor que recibieron durante este tiempo, dentro y fuera de la escuela.
La pereza y los malos pensamientos son una combinación muy peligrosa. El trabajo honrado, el estudio y las ideas bien intencionadas están entre las posibilidades correctas de conseguir cosas importantes.
Es fundamental a la hora de la debilidad o la tentación la confianza en la trascendencia, nuestra vida no se agota en lo que vemos y siempre la certeza de la presencia de un Ser Superior que nos conoce completamente es un resguardo moral que nos ayuda a preservarnos como personas y a mantenernos firmes en los valores.
            Realmente les deseo lo mejor en todo lo bueno que emprendan, tanto a los que estuvieron desde primer año, como a los que se fueron incorporando con el paso de los años.
           
                                                                                                       Diciembre de 2001

miércoles, 14 de marzo de 2012

Malinche


                                                                  Malinche
De Laura Esquivel

Malinche, una novela, donde Laura Esquivel logra introducir al lector en la apasionante vida de Malinalli o Malinche. Este personaje histórico, que aparece hábilmente novelado y que representa a la sociedad religiosa del mundo azteca, tiene una difícil misión que cumplir dentro de la historia de su pueblo.
Malinche, una mujer profundamente religiosa, que ve la presencia de sus dioses en todas partes y en todos los momentos de la vida. Una mujer preocupada por su pueblo que recibió tanto de su abuela que en la novela se vuelve a ella constantemente en la memoria de la protagonista pero que cuando se quiere poner tediosa esa vuelta en el tiempo, hábilmente desaparece del relato para continuar con el tiempo lineal progresivo.
Se puede decir que a través de esta novela el lector tiene un encuentro con la cosmovisión azteca, con su sentir más profundo, con sus inquietudes con los dilemas del personaje y de la sociedad, dilemas que tienen que ver con los sacrificios humanos que tanto repudiaba una parte de ese pueblo.
Una sociedad marcada por la presencia de dioses buenos y dioses crueles.
Pero al hablar de Malinche también se habla de Hernán Cortés, el conquistador de México. La novela retrata más que nada su humanidad personal, sus virtudes pero sobre todo sus defectos y  su relación con Malinalli. ¿Cómo se produce ese encuentro? Y sobre todo ¿para qué? Las intenciones de cada uno a la hora de estar juntos, el proceso de colaboración  y finalmente la separación, donde nuevamente entran a jugar intereses.
Al final del libro hay un listado bibliográfico que le da un toque de verosimilitud por la presencia de libros de historia consultados por la autora para escribir la novela, además de los agradecimientos a los colaboradores.
                                                                                                          Hector Sotelo

Despedida


                                                   EL ADIÓS DE LA DESPEDIDA
            Tantas veces he tenido que decir adiós en la vida. Cuantas veces los hombres tuvieron que decir adiós. Cuantas veces el tiempo te lleva a decir adiós. Ese adiós que lleva en sí mismo incrustado el dolor, la tristeza y cuántas veces la inevitable distancia; esa distancia que se ahonda cuando más amás a los que dices adiós. Esa palabra tan corta, que encierra tanto en sí misma en lo que ella significa. Cuántas veces se me hizo triste y amarga porque significa despedida, distanciamiento, soledad de esos seres a los que dejas; soledad, a veces con un tono dulce y triste; dulces porque afloran recuerdos hermosos que vienen a la memoria en el momento posterior al adiós pero tristes por otra parte porque parecería que queda una historia inconclusa y que podría continuar. Qué remedio hay contra el adiós doloroso, qué antídoto lo puede calmar. El reencuentro quizá. Pero ese reencuentro es una anestesia que después de su efecto dejará surgir nuevamente, tal vez, el dolor del adiós.
            Es el adiós no sólo de personas queridas sino también de lugares, de situaciones. Ese adiós en el que parece quedar una parte del ser, una parte del corazón, una parte de la intimidad más íntima. Es la distancia que distancia. El tiempo, que muchas veces sana los desgarros del adiós. Parece que los lugares, las personas después del adiós se quedan con una parte del ser de uno. Por lo tanto parece que el reencuentro es también con algo de uno mismo muy amado y que el otro cuida con tierno amor, aunque no sean personas las que cuidan esa parte del ser que dejas, que dejas sin querer, como una estela al paso del barco. Pero también en la despedida, en el adiós, llevas el ser de otros, llevas una parte del ser de los otros. Entonces se deja pero se lleva. Dices despedida y te quedas. Llevas algo en tu ser y dejas algo en el ser, en el recuerdo de los demás. Quizá algo que con el tiempo se puede llegar a esfumar de tu ser y tú del ser de los demás. El reencuentro con los otros puede  devolverte y viceversa, entonces el reencuentro es alegría, es reencuentro contigo mismo en los otros, con los otros en ti mismo. Pero ¿Cómo puede quedar tu ser en las cosas y en las personas?. Ellos son una unidad. Pero está el recuerdo que es el grabador de los hechos. Debe haber algo más. El corazón, que graba más fuerte que la memoria. Es la memoria del corazón. Un corazón que graba los sentimientos hermosos y tristes. Un corazón graba; la memoria, recuerda.
            ¿Cuántas veces más tendré que despedirme? No lo sé, no lo quiero saber. Sigo siendo yo con todo mi ser, con todo lo que tengo de hombre pero... y todos los rayos que partieron mi corazón, que hicieron que quede algo en tantos lugares, en tantas personas ¿Cómo haré para reencontrarme conmigo mismo en todos esos seres? ¿Cómo me uniré a mí mismo nuevamente?, pero... no, está bien así, que algo tenga algo de mi y que alguien, alguien quizá también tenga algo de mi ser, no lo sé. Tal vez haya personas que cuidan de mi ser, sino donde fue a parar aquello que dejé. Aunque el tiempo como cicatrizador de heridas reconstruye en mi esa parte de ser perdida,  una forma de decir. Es algo interior, comprendido por uno mismo, en la propia existencia, en la profundidad del ser. El adiós te revela eso.
            Como no creer en el reencuentro definitivo, donde no habrá más despedidas, donde será la reunión con los que amas. Pero, ¿qué es lo que hace que aquí en la tierra lleves para siempre en ti el ser de los otros? El amor. La dimensión tan profunda del hombre. Creo que también es el amor lo que de alguna manera hace sufrir en las despedidas. Porque amamos, sufrimos. Porque amamos nos alegramos del reencuentro, porque nos amamos nos alegramos del reencuentro con nosotros mismos y con los otros.
            Hay tantos adioses por sus circunstancias y modos... pero hay un adiós que parece ser el más fuerte. Es el que tiene que ver con el que damos a la vida en la muerte. No sabemos cuanto tiempo quedaremos en las personas o en las cosas que sólo dirán algo a otros ya que nosotros somos el motivo de que quedemos en ellas. No lo sabemos. Pero al despedirnos de esta vida, viene el pleno reencuentro con mi ser en plenitud porque el encuentro es con el Ser al que no le falta nada, ¿por qué tener miedo? si el morir no es perdernos en la nada, es el encuentro con el Ser en plenitud.
                                                                              La Escondida, mayo de 1992 y 2012.