PALABRAS DE DESPEDIDA PARA LOS
PRIMEROS EGRESADOS DEL PROFESORADO EN LENGUA – 2 DE DICIEMBRE DE 2010
Hoy es ciertamente un día muy particular
porque ustedes son el primer grupo de estudiantes del profesorado en lengua que
transitó los cuatro años de estudios que
inauguramos y fuimos construyendo desde el año 2007. Y les agradezco la
deferencia que tuvieron de invitarme a despedirlos después de estos años de
intensas actividades, de encuentros y desencuentros, de conocernos y
desconocernos por momentos y de aprendizajes mutuos. Un camino que parece tener
una meta muy lejana pero conforme pasa el tiempo y se la alcanza no parece que
fuera así. Sin embargo llegar hasta aquí es como llegar recién al punto de
partida de algo que está por comenzar, la carrera docente.
Años de trabajo intenso, búsqueda,
elaboración, paciencia en la investigación, construcción intelectual y
espiritual y forjamiento del carácter. Cuatro años de sentirse muchas veces comprendidos
pero también incomprendidos. De ver coherencias y contradicciones; aciertos y
desaciertos; mezquindad y generosidad.
No fue, claro está, una tarea
sencilla y hubo que sortear obstáculos tanto por parte de ustedes como de
muchos de los profesores para poder alcanzar los objetivos. Una búsqueda
constante para hacernos, entre otras cosas, de los materiales de estudios, de
la bibliografía, tan necesaria para estudiar en todos los niveles del sistema
educativo pero de manera particular en este por cuanto implican la fuente de
donde se tomarán los contenidos a enseñar en los demás.
El camino también se vuelve una meta
a transitar para alcanzar el destino final como Ulises luchando en medio del
mar pensando en su lejana Itaca. Embarcados en una lucha contra el tiempo y
contra las adversidades. Avistando a cada momento como en un espejismo esa
lejana posibilidad.
La carrera que decidimos abrazar implica
una gran responsabilidad de construcción diaria en las aulas y de permanente
formación pues pensar que ya se sabe todo es comenzar a declinar. El oficio de
enseñar no se disocia de aprender y eso es válido también, para el docente.
Los profesores tenemos una tarea
determinante en la construcción de la sociedad y de la patria. Una
responsabilidad ineludible en medio de las dificultades que constantemente
debemos enfrentar para realizar de la manera más acertadamente posible la labor
de educar. Nuestra tarea define como ninguna otra, probablemente, el achicamiento
de las asimetrías y sienta las bases de la igualdad de oportunidades para todos
los ciudadanos.
El desafío de ser docentes implica
la constante búsqueda de estrategias, formas y modos para acercarse a los
educandos de tal manera de hacer atractivo, interesante y fructífero el siempre
complejo proceso de aprendizaje- enseñanza.
La tarea de descubrir y promover los
valores de los educandos implica un compromiso con esos mismos valores tales
como la justicia, el amor a la patria. El compromiso por transmitir la pasión
por el estudio como un camino posible hacia la libertad.
Y en este contexto los profesores de
lengua y literatura tenemos un papel singular en cuanto a la enseñanza de estas
áreas del conocimiento y con lo que estas significan. Pongamos el caso de la
lectura y la escritura que están en la base constitutiva de los demás espacios
curriculares y que por lo tanto convocan siempre al trabajo conjunto. En un
tiempo de vertiginosas transformaciones tecnológicas la escritura sufre el
impacto y contra todo pronóstico adquiere una dimensión inusitada en los
diversos usos que se hacen de la misma para la comunicación. No se puede
desconocer este fenómeno y menos negarlo luchando contra el mismo sino
canalizándolo hacia la correcta utilización. El lenguaje es presencia en
prácticamente todas las situaciones de
la vida pues como dice el lingüista danés, Louis Hjelmslev:
“El lenguaje –el habla humana- es una
fuente inagotable de tesoros múltiples. El lenguaje es inseparable del hombre y
le sigue en todas sus tareas. El lenguaje es el instrumento con el que el
hombre da forma a su pensamiento y a sus sentimientos, a
su
estado de ánimo, sus aspiraciones, su querer y su actuar,… el cimiento más
firme y profundo de la sociedad humana. Pero también es el último refugio en
las horas de
soledad,
cuando la mente lucha con la existencia y el conflicto se resuelve en el
monólogo del poeta y del pensador.” (Hjelmslev, 1974, p. 11)
La educación y la enseñanza de la
lengua en particular no deben anquilosarse y sí estar acordes con los tiempos
que corren y para ello es necesaria una constante resignificación de los
conceptos mediante discursos siempre nuevos, actuales y por qué no revolucionarios.
Y esto será posible en la medida en que sepamos leer los acontecimientos de la
siempre dinámica realidad y con el apoyo de nuestra permanente formación
académica y autodidacta.
Estimados alumnos, les deseo el
mayor de los éxitos en la labor educativa que en algún momento emprenderán o ya
emprendieron. Que la palabra y el diálogo no dejen de ser una opción a la hora
de resolver los problemas y una herramienta constante de soluciones.
Hector
Sotelo, Diciembre de 2010
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